Historia del Diario El Sur de Concepción

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“Un nuevo diario ha aparecido en Concepción. Moderno y bien impreso, ágil y luchador, es un órgano político, comercial y noticioso. Le deseamos prosperidad y esperamos que habrán de soplarle vientos bonancibles, como son los de esa ciudad del sur”.

Así registró “El Mercurio de Valparaíso” -el diario más antiguo del país- el nacimiento de EL SUR.

La crónica periodística del Diario El Sur de Concepción se empezó a escribir el 15 de noviembre de 1882, contando acontecimientos e ideas, sueños, realizaciones, proezas, y también los fracasos de esta zona. Su legado conforma la memoria de Concepción y la región.

Según contaban las propias páginas del medio, EL SUR nació como “vocero sensible, consecuente y vigilante, que mira con optimismo al futuro”. Al igual que otros medios, señalaban que “la libertad de expresión, la estabilidad de las instituciones políticas, la justicia social y el desarrollo económico, son los principios básicos que sostienen a la sociedad democrática”.

El diario EL SUR tenía sólo cuatro páginas cuando salió por primera vez de la imprenta, el 15 de noviembre de 1882. Comenzó a circular en Concepción en una época en que los chilenos discutían con pasión las ideas que harían posible la modernización de las instituciones. Las grandes transformaciones se manifestaban en la expresión política del país, pero también en su economía.

La ciudad era un activo centro comercial, agrícola y de producción, y muchos vapores se detenían en Coronel y Talcahuano para abastecerse de carbón y desembarcar mercaderías importadas de casas matrices de Inglaterra, Alemania, Francia, y de otros lugares de Europa. Concepción tenía 37 mil habitantes en 1882 y era asiento de un Obispado; y sede -desde 1849- de una Corte de Apelaciones, con amplia tuición sobre el sur del país.

Estaba unida a Nacimiento por una línea de vapores fluviales; y a Chillán por la vía férrea, construida en 1874. Esta se conectó más tarde con la red central -Santiago a Valparaíso- que avanzaba lentamente hacia el sur. El “Curso Fiscal de Leyes”, creado en 1864, funcionaba anexo al Liceo de Hombres, y a partir de éste surgiría mucho más tarde la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Concepción.

Días de polémicas

Eran días de maduración nacional. Y en Concepción, los mismos hombres que dieron vida al diario, también animaron la vida social y política, y contribuyeron a fundar otras instituciones, que perduraron en el tiempo.

En su antigua versión web, señalan que “la Guerra del Pacífico fue un paréntesis glorioso, pero doloroso, que contribuyó poderosamente a la unidad nacional. El país empezaba a caminar por una senda de progreso y también a la región llegaron capitales, que vitalizaron el comercio y permitieron la creación de industrias. Las riquezas del salitre ensancharon las posibilidades del Estado, y con los recursos también llegaron mejores días para la cultura de sus habitantes”.

Cuando apareció EL SUR, el gobierno de Domingo Santa María hacía esfuerzos por “pacificar” la Araucanía, y sostenía una ardorosa pugna con la Iglesia Católica, por la legislación sobre el matrimonio civil y los cementerios laicos. En esa controversia, la prensa chilena tomó posiciones antagónicas, y la opinión muchas veces desplazaba a la información. Cuando el diario todavía no había cumplido su primer año de vida, el Tratado de Ancón ponía fin al estado de guerra entre Chile y Perú. Eran días de polémicas y comentarios, de crónica ideologizada.

Juan Castellón Larenas

El partido Radical necesitaba complementar su lucha política con una voz impresa en Concepción. Juan Castellón Larenas propició una erogación partidista para reunir el capital para editar un diario. Entre los principales contribuyentes estuvieron el propio Juan Castellón Larenas, Ignacio Ibieta y Rioseco, Víctor Lamas Miranda, Carlos Castellón Larenas, Beltrán Matthieu Andrews, Víctor Manuel Rioseco Cruzat, Rafael De la Sotta Benavente, Lisandro Martínez Rioseco, Agustín Vargas Novoa, Gregorio Burgos, Rafael de la Maza, Luis Urrutia Rozas y Mariano Palacios Daroch. Es indudable que los primeros socios fueron muchos más, pero el incendio del diario, en 1899, dejó sus nombres en el anonimato.

Durante veintidos años -hasta el 19 de noviembre de 1904- el diario EL SUR se reconoció vocero del radicalismo. En forma intermitente figuraba su declaración de princios bajo el cuño: “Organo del Partido Radical”.

Juan Castellón perteneció a una generación de penquistas que se distinguió en históricas batallas ideológicas por más libertades civiles, políticas y religiosas. Provenía de las filas liberales, y luego se convirtió en uno de los patriarcas del partido Radical. Hábil polemista, Castellón fue diputado y senador en varios períodos, ministro de Relaciones Exteriores y consejero de Estado. También mostró condiciones de poeta y periodista, experiencias que resultaron decisivas al momento de fundar EL SUR. Igualmente destacó como educador: fue rector del Liceo de Hombres y cofundador del Liceo de Niñas.

Hombres de EL SUR

EL SUR conoció en los primeros años una situación económica y política con marcados altibajos. La edición se financiaba con anuncios comerciales y con el aporte de la asamblea radical, que veía en el diario al intérprete de sus ideales. Pero los recursos no abundaban, y en 1886 Juan Castellón Larenas, Ignacio Ibieta y Rioseco, Víctor Manuel Rioseco Cruzat y Gregorio Bustos resolvieron asumir la responsabilidad total de la empresa, salvándola de la quiebra. Rioseco, que estudiaba Leyes, asumió como administrador y cajero, pero también escribía notas políticas; e Ibieta se ocupaba de los asuntos financieros.

En el área periodística, Gustavo Sepulveda era jefe de Redacción desde la fundación de EL SUR, y entre sus colaboradores inmediatos figuraban Federico Chacón, Eduardo y Jorge Guerra Versín, Ricardo Possi García, Luis Alberto Compar, Serapio Bravo Ortiz, Honorato Soto, Romildo Colombo y Manuel Antonio Godomar. Administradores y periodistas -que muchas veces se confundían en sus funciones- fueron hombres visionarios, que consiguieron que el diario se fuera ligando para siempre con el futuro de la región.

Diario de barricada

En 1889, Juan Castellón Larenas debió llevarse la imprenta y el diario a su propio hogar, que se convirtió en la barricada periodística y política de la oposición al gobierno de José Manuel Balmaceda. Sus páginas llamaban a la reforma de la Constitución (de 1833); a la libertad individual “sólo limitada por el derecho y el orden público”; propiciaba la enseñanza primaria obligatoria, gratuita y laica; proclamaba la independencia administrativa de los municipios y del Congreso; pedía la separación de Iglesia y Estado; y buscaba el fomento de la industria, la agricultura y el comercio.

En la casa de Juan Castellón Larenas funcionaba EL SUR cuando se produjo la Revolución de 1891.

Balmaceda tuvo profundas diferencias con el Congreso, que polarizaron a los chilenos, y el presidente asumió “todo el poder público”. EL SUR denunció “la dictadura de Balmaceda” y fue vocero de la oposición en Concepción, lo que puso en peligro su propia existencia. Sus páginas criticaban a diario y en duros términos al gobierno, hasta que el intendente de Balmaceda, Salvador Sanfuentes Velasco, ordenó desmantelar la imprenta del diario, retirar sus colecciones de tipos y clausurar su publicación.

EL SUR fue silenciado entre enero y agosto de 1891. Pero, las fuerzas del Congreso derrotaron a las tropas del presidente en las batallas de Concón y Placilla, y Balmaceda esperó el término de su mandato, refugiado en la Legación de Argentina en Santiago, y al día siguiente se suicidó. La guerra interna dejó más de ocho mil muertos, y el intendente Sanfuentes debió huir del país. Víctor Lamas Miranda -vinculado a EL SUR desde su fundación- asumió el cargo de intendente, y tuvo la difícil tarea de apaciguar los ánimos y reorganizar la vida penquista. Años más tarde ocupó un sillón en la Cámara de Diputados y una curul en el Senado.

Años de consolidación: El Sur, vocero penquista

Andrés Lamas Benavente

El término de la Revolución tuvo otras consecuencias en el diario: Juan Castellón Larenas, Ignacio Ibieta y Rioseco y Víctor Manuel Rioseco -que estaban directamente a cargo de la administración y edición del diario- eran los jefes naturales de la Revolución, y como Víctor Lamas Miranda, asumieron funciones de representación política en la región y a nivel nacional.

De este modo, la administración del diario pasó en arriendo a la firma Plate y Tornero, que se propuso invertir en la empresa para convertir a EL SUR en un diario informativo y comercial. Este cambio de administración coincidió con el creciente desinterés de los radicales en su participación en el diario, con excepción de Lisandro Martínez Rioseco, que hasta el final trató de retener el control político del medio. Los dispersos redactores de EL SUR volvieron a reunirse, y el diario retornó a las calles con renovado vigor.

A poco andar, Tornero se separó de la sociedad que arrendaba el diario y Plate buscó un nuevo socio. Andrés Lamas Benavente, que en dos ocasiones había sacado al diario de apuros económicos, se incorporó a la sociedad. Poco después, Plate se retiró del negocio periodístico y Andrés Lamas se convirtió en el primer propietario único del diario.

Los años que siguieron a la Revolución de 1891 no fueron de inmediata prosperidad para la región, porque la ausencia de una política económica definida marcó los negocios públicos y privados.

EL SUR sólo pudo vencer esos momentos difíciles gracias a la energía creadora de Andrés Lamas y a los servicios de un colaborador excepcional, Cesáreo Erazo, que asumió la dirección periodística y la administración del diario en 1896. Ambos convirtieron a EL SUR en motor y palanca del desarrollo regional. El diario recuperó su vieja fortaleza, y el secreto de esta vitalidad fue, sin duda, su creciente comunicación con el espíritu de la ciudad, porque más allá de sus convicciones políticas, bregaba por ser vocero de todo el quehacer de la ciudad y de la región.

Corresponsales extranjeros

Más allá de la actividad política y partidista, el diario estaba atento a lo que ocurría en la región, en el país y en el mundo.

En 1887, EL SUR saludó a un joven poeta nicaragüense radicado en el país: Rubén Darío. Ese mismo año, un “enviado especial” viajó a la isla Santa María, para reportear la instalación de un faro. Varias crónicas de 1889 abordaron la construcción de la línea férrea que debía unir a Penco con Curanilahue, y la construcción de puentes ferroviarios sobre los ríos Laja, Biobío y Malleco.

En 1892, EL SUR cumplió diez años, y tuvo importante participación en la conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América. A fines de ese año, Concepción escuchó el primer fonógrafo, y en 1893, la ciudad se acercó al mundo con la inauguración del primer servicio cablegráfico. EL SUR utilizó ese nuevo recurso tecnológico para su servicio informativo internacional, y el 8 de abril de 1893 usó por primera vez el epígrafe: “de nuestros corresponsales en el extranjero”.

En 1894, el diario destacó la inauguración del monumento a Martínez de Rozas, obra del famoso escultor Nicanor Plaza; y también registró en sus columnas la llegada de los primeros motores a gasolina a Talcahuano. 1895 fue un año de acontecimientos marítimos: la construcción del Apostadero de Talcahuano, la inauguración del dique de carena -obra pionera en el Pacífico-, y el fallido ensayo de un submarino fabricado en el país, que terminó en el fondo de la bahía. Y del agua, al aire: ese mismo año, Concepción vio elevarse al aeronauta Laiselle en su globo, lo que constituyó un espectáculo inolvidable.

Poco después, en 1897, una noticia generada en la región tuvo resonancia nacional: en Chivilingo, muy cerca de Lota, empezó a funcionar la primera central hidroeléctrica de Sudamérica, que debía producir energía para los yacimientos carboníferos. Y otro notable hito de progreso: las ciudades de Concepción y Chillán quedaron unidas por el teléfono.

El incendio de 1899

La historia de EL SUR registra un grave incendio que, una vez más, comprometió la continuidad del diario. El fuego, que surgió en la noche del 18 de septiembre de 1899, afectó a su imprenta de calle Galvarino (hoy, Castellón) Nrº 560, entre las calles General Freire y Del Comercio (Barros Arana). Las llamas aparecieron a las 23 horas en el primer piso, que ocupaba una bodega que no pertenecía a la empresa, en la que se guardaban alcoholes y otros productos. Personal del diario, que se encontraba en la sala de redacción consiguió rescatar la máquina impresora “Hoe”, y algunos documentos. La administración y el archivo quedaron reducidos a cenizas, así como las colecciones de los primeros díarios, actas y carpetas de documentación.

El telegrama que envió el director del diario, Cesáreo Erazo, a Andrés Lamas Benavente (que se encontraba fuera de Concepción) revela la tragedia: “Sucedió gran desgracia. Anoche doce horas incendióse bodega debajo imprenta. Fuego comunicóse altos, destruyendo oficinas y talleres. Prensa salvóse y rescatáronse libros. Mientras arreglamos nuevo taller, sacamos hoja pequeña en otra imprenta. La nuestra está asegurada en veinticinco mil pesos”.

Un año más tarde, el propio diario recordaba el incendio de 1899: “El 19 de septiembre del año pasado no apareció EL SUR, a consecuencia del terrible incendio que consumió por completo el edificio que ocupaban nuestras oficinas y talleres. El incendio comenzó a las 11 horas de la noche del día 18 de septiembre, poco más o menos, en circunstancias que aun nos encontrábamos frente a la mesa de redacción. Después del incendio, en el cual nuestro diario perdió por completo sus materiales, nuestro director, venciendo toda suerte de obstáculos, consiguió, en obsequio del público, sacar un día después una hoja de pequeño formato cuya publicación duró cerca de dos meses. Es decir, el tiempo que se empleó en adquirir nuevos elementos, e instalarnos en el local que hoy ocupamos”.

Cambios de domicilio

El diario, en su trayectoria de 115 años, ha tenido varios domicilios. Al comienzo funcionó en un local de calle Rengo Nº 15, y utilizó la imprenta que había pertenecido a otro diario -“El nuevo Ferrocarril”- de breve existencia. Muy poco después, en diciembre de 1882, en busca de mayor amplitud y comodidad, se cambió a Colo Colo Nº 557. En 1888, EL SUR se trasladó a la calle del Comercio (hoy, Barros Arana) Nº 1, en la actual plaza España. Un año más tarde, para hacer frente a severas dificultades económicas, el diario debió cobijarse en el domicilio privado de su fundador, Juan Castellón, en la esquina de las calles Galvarino (que es la actual calle Castellón) y O’Higgins, en el solar que hoy ocupa la VIIIª Zona de Carabineros. En 1892, cuando el diario cumplió diez años de vida periodística y ya habían pasado los duros días de la revolución, EL SUR se instaló en el segundo piso de la calle Galvarino (Castellón) Nº 560, donde hoy se encuentra la sede de la masonería penquista. El incendio de este local motivó un nuevo cambio de domicilio. Con las pocas pertenencias que se pudieron rescatar del fuego, el diario EL SUR se trasladó a la calle Colo Colo, en la esquina con calle General Freire, donde hoy se encuentra el edificio de la Lotería de la Universidad de Concepción. Allí se editaba EL SUR cuando comenzó el nuevo siglo y allí permaneció hasta el año 1914 -poco antes de que comenzara la primera Guerra Mundial- fecha en que se inauguró el primer edificio construído específicamente para el diario, en calle Freire Nº 799, esquina con calle Colo Colo, donde se encuentra hoy. Este edificio que diseñó y construyó el arquitecto francés Salomón Levy, sufrió daños con los terremotos de 1939 y 1960, que demandaron modificaciones interiores y la prescindencia de un balcón y de los adornos exteriores.

Aurelio Lamas Benavente

En marzo de 1901, Andrés Lamas Benavente -cuya salud había sufrido serios quebrantos- transfirió la propiedad del diario a su hermano Aurelio Lamas Benavente. Poco después murió, y sus funerales constituyeron una manifestación colectiva de pesar.

Años más tarde, en 1919, cuando falleció Juan Castellón Larenas, una nota editorial de EL SUR describía a ambos como “…figuras sobresalientes de la sociabilidad penquista, que fueron el alma inspiradora de nuestras actividades, y el brazo potente que nos dio la vida de que hoy disfrutamos en toda su esplendidez: don Juan Castellón Larenas, que fundara EL SUR hace cuarenta años, y don Andrés Lamas Benavente, que lo arrancó de un desaparecimiento que parecía inevitable, para entregarle todas las energías de su fe creadora, eligiendo los hombres mas idóneos para llevar a EL SUR a un triunfo que soñó espléndido, y que con el tiempo satisfizo todas sus expectativas”.

Aurelio Lamas Benavente fue el segundo único propietario del diario. Nació en Concepción en 1866, estudió Agronomía y ejerció inicialmente su profesión en fundos del departamento de Itata. Cuando inició su gestión al frente del diario, en Concepción se ofrecían las primeras películas demostrativas de “cine de Lumière”, y un año más tarde -en 1902- el gas y la electricidad competían con sus lámparas para el alumbrado público. En el vecino puerto de Talcahuano, los cruceros “O’Higgins” y “Prat” realizaban las primeras experiencias con sus equipos de radiotelegrafía.

Dotado de grandes cualidades personales, Aurelio Lamas Benavente destacó como empresario dinámico, audaz y visionario, que brindó todo su tiempo y sus mejores energías al progreso del diario. Entre sus colaboradores más cercanos estuvieron Julio Parada Benavente, redactor de mucha experiencia, a quien designó director de EL SUR; Agustín Castellón Plaza de los Reyes, hombre de empresa y comentarista de fino humor, que asumió la gerencia financiera; y Enrique Sanhueza Sanders, que se puso al frente de la administración del diario. En el equipo de redacción figuraban los periodistas Juan Julio Mansoulet, Enrique Delaporte, Jorge Gustavo Silva, Fernando Santiván -que más tarde fue laureado con el Premio Nacional de Literatura-, Robinson Bascur Rubio y Julio Zenteno. Otros ilustres colaboradores fueron Alfredo Larenas Larenas, Victor Vicente Robles, Juan Eduardo Moreno y Abraham Valenzuela Torrealba.

El Sur en el cambio de siglo: Tecnología y estilo periodístico

Cuando EL SUR cumplió 19 años, en noviembre de 1901, se produjo una gran innovación en su taller: una moderna máquina impresora plana, marca “Dispatch”, que podía imprimir pliegos de papel, de 72 cm por 50 cm, por anverso y reverso. Las antiguas impresoras “Hoe” -rescatada de las llamas en 1899- y “Marinoni”, se vendieron a editores de Los Angeles y Curicó. Ese mismo año, EL SUR abrió una oficina periodística y comercial en Santiago, lo que en esos días tuvo la dimensión de una hazaña.

En 1904 decidió adquirir una prensa rotativa “Duplex”, que podía imprimir a una velocidad desconocida en esos días: 3 mil ejemplares por hora. Utilizaba rollo de papel y era capaz de imprimir una edición de doce páginas. Y ese mismo año, el diario envió a Santiago a jóvenes tipógrafos para capacitarlos en el manejo de máquinas componedoras de textos -las linotipias- que estaban revolucionando todo el arte tipográfico.

En noviembre de 1904, el diario dejó de reconocerse “vocero del Partido Radical”, y conforme a los planes de Aurelio Lamas Benavente, se transformó en un diario independiente. Por esos días EL SUR comenzó a hacer pruebas para cambiar su formato a páginas más manejables, de 58 cm por 43 cm. En octubre de 1905, llegaron finalmente las cinco primeras linotipias, que reemplazaron a los antiguos “cajistas” o “paradores de tipos”, que armaban líneas tipográficas a mano.

Así, antes de terminar el primer lustro del nuevo siglo, EL SUR ya figuraba entre los diarios más modernos del país, con excelente impresión y contenidos noticiosos y de servicios. Años más tarde, en 1919, una nota editorial apuntaba: “…concebido como órgano del Partido Radical en sus inicios, EL SUR supo encontrar líneas de independencia y objetividad cuando la época y los intereses de sus lectores y de la región así lo hicieron necesario, manteniendo sin embargo su firme condición de abanderado de todas las causas justas”.

En 1917, cuando el diario ya se encontraba en calle General Freire Nº 799, esquina de Colo Colo (donde aun funciona hoy) la empresa adquirió una nueva prensa “Duplex”, de dos cuerpos, que imprimía ediciones de 16 páginas, lo que significó otro considerable avance en el diario.

Ese mismo año, en Santiago, El Sur contrató a un joven colaborador, dispuesto a iniciarse en el periodismo. Se llamaba Gabriel González Videla y había llegado a la capital para estudiar derecho en la Universidad de Chile. Pero su verdadera pasión era la política, y años más tarde, en 1946, se convirtió en presidente de Chile.

En su libro “Memorias” (publicado en 1975 por Editora Nacional Gabriela Mistral Ltda.), el propio González Videla relata esta primera experiencia laboral en el capítulo “A la conquista de la capital: una nueva vida en Santiago” así:

“…Era un muchacho de dieciocho años que por primera vez hacía abandono del terruño provinciano y me alejaba de la familia. Mi mayor preocupación fue buscar un puesto que me pudiera ayudar a mi padre a costear mis estudios. Logré emplearme en la agencia del Diario El Sur de Concepción, ubicada en calle Morandé, frente a “El Mercurio”, en esquina encontrada con el Congreso, que servía de corresponsalía del conocido periódico penquista. Mi horario de trabajo era de siete de la tarde a doce de la noche, y tenía un sueldo de cincuenta pesos mensuales, que me permitía en parte contribuir al pago de mi pensión”.

La primera Guerra Mundial reclamó dos páginas de la edición, con cables originados en sitios remotos, que relataban el avance de las tropas o el resultado de las batallas. En el plano local, informaciones sobre la intensa vida cultural, social y política, ocupaban los lugares de privilegio. Pero también tenían cabida las noticias de la capital, con despachos de gobierno, las actividades legislativas, los cambios de gabinete, las crecientes demandas sociales y el vaivén apasionado de la política partidista. Habían quedado atrás los años de las controversias personales que sólo interesaban a grupos ideológicos reducidos.

Aurelio Lamas Benavente había conseguido imponer un estilo periodístico de respeto.

Obra del esfuerzo social

Muchas instituciones del Concepción de hoy tuvieron su origen en ideas que germinaron en los salones sociales de la ciudad y en el diario EL SUR.

El 23 de marzo de 1917, en el salón de sesiones de la Municipalidad de Concepción, se realizó una reunión “para intercambiar ideas sobre la creación de una universidad y de un hospital para Concepción”. Asistieron ilustres vecinos de la ciudad, que fueron recibidos por el regidor y ex alcalde Javier Castellón Plaza de los Reyes, hermano del gerente del diario. La reunión concluyó con la designación de un comité que debía impulsar estas iniciativas. Entre los comisionados figuraban Aurelio Lamas Benavente, propietario de EL SUR; Julio Parada Benavente, director del diario; y Abraham Valenzuela Torrealba, colaborador habitual de la redacción.

Más adelante, en varias notas editoriales, el diario se refirió a la Universidad de Concepción como “la obra más grandiosa del esfuerzo social que se ha realizado en esta región”, y llamó a los parlamentarios a despachar favorablemente un proyecto que daría personalidad jurídica a la Universidad, autonomía económica y libertad para crear sus propios programas de estudio.

Dos años después, en 1919, Juan Bautista Fuenzalida asumió la dirección del diario en reemplazo de Julio Parada Benavente. Fuenzalida era un periodista enamorado de su tarea, y orientó su talento a reorganizar la redacción y a poner acento en los servicios informativos.

En 1921, Luis Silva Fuentes sucedió a Juan Bautista Fuenzalida en la dirección de EL SUR. Silva, además de periodista inteligente y sagaz, era abogado y profesor de Derecho. Fue director por un cuarto de siglo y bajo su pluma, el diario alcanzó un sólido prestigio. También desempeñó varios cargos de representación pública, como intendente, diputado y ministro de la Corte de Apelaciones de Chillán. Puso especial acento en el comentario político en momentos que el país estaba inflamado de pasión: eran los días de Arturo Alessandri Palma y Carlos Ibañez del Campo. En 1945, dejó la dirección del diario.

La profesión periodística

Entre los años 1900 y 1940, el periodismo podía considerarse una profesión temporal. A las redacciones llegaban jovenes profesionales y estudiantes universitarios, que después de unos años derivaban hacia la política, la literatura, al foro o a la actividad académica. Algunos, sin embargo, transitaron por distintos diarios y revistas, y permanecieron toda su vida en el periodismo.

La fama de bohemios, que les acompañó por mucho tiempo, está asociada a una especie de “hermandad” que existió con escritores, poetas, pintores y gente de teatro, que comenzaba en la sala de redacción y se extendía a largas tertulias.

Entre muchos otros periodistas que pasaron por EL SUR en los primeros cuarenta años de este siglo, figuran Luis Silva Fuentes, que fue director; Fernando Salamanca, que fue director suplente, cuando Julio Parada Benavente viajó a Europa; Sergio González Monsalves, que fue subdirector del diario, y después, prosecretario de la Universidad de Concepción; Fernando Sanhueza Castellón, Emilio Vera Garcés, Armando Muñoz Larenas, Agustín Ruiz, Carlos Ocampo, Francisco Jorquera, Armando Quezada Acharán, Benjamín Cohen, Gonzalo Cutiño, Carlos Eguilustoy, Darío Poblete Nuñez, Carlos Pinto Durán, Luis Enrique Poblete y Norberto Soto. Este último firmaba con el sudónimo de Iñigo García.

Empresa Diario El Sur S.A.
Una nueva etapa institucional

El 3 de abril de 1943 comenzó una nueva etapa en la vida de EL SUR. Aurelio Lamas Benavente, que había entregado 42 años de su vida al diario, decidió traspasar la propiedad del diario a los miembros de su familia, que fundía viejos y respetados apellidos penquistas: entre los más representativos, Lamas, Maira, Paul, Castellón, Benavente e Ibieta. En la fecha se constituyó una empresa periodística que se denominó “Diario EL SUR S.A.”, figura legal que se mantiene hasta hoy. Su primer presidente fue Jorge Maira Castellón; y en el directorio estuvieron Luis Silva Fuentes, como vicepresidente, y Aurelio Lamas Ibieta, Roberto Paul de Viale Rigo, Humberto Poblete Silva y Anfión Varela Moure. Este último, recordado como un hombre culto y ponderado, se vinculó a la administración del diario en 1923. En su larga gestión se preocupó de consolidar las plantas periodística y comercial y de estructurar un departamento de circulación más eficiente, que permitió llevar EL SUR a gran parte de la región.

La nueva empresa, constituída en plena segunda Guerra Mundial, afrontó muchas dificultades para proveerse de los insumos importados, en especial papel. Así lo registran las memorias de la empresa. Sin embargo, en febrero de 1945, el directorio decidió incursionar con un nuevo diario en Temuco. Las instalaciones de “El Sur” de Temuco estuvieron en calle Bulnes Nº 846 de esa ciudad. Ese mismo año, Aurelio Lamas Ibieta sucedió a Anfión Varela en el cargo de gerente, y Armando Lazcano Herrera a Luis Silva Fuentes, en la dirección del diario. Ernesto Escobar Zamora tomó en sus manos la administración.

Aurelio Lamas Ibieta nació en Concepción en 1914, cuando el diario EL SUR inauguraba su actual edificio. Se le recuerda como a un empresario emprendedor y caballeroso, que amó a su región, que buscó la proyección del diario más allá de la tarea de informar y orientar, y se interesó en la incorporación de moderna tecnológica de impresión. Las campañas editoriales que encabezó EL SUR favorecieron la transformación de la provincia de Concepción en una zona pujante, de acelerado desarrollo industrial, con nuevas empresas productivas, mejor infraestructura urbana y vial, desarrollo hidroeléctrico, y un moderno aeropuerto. Fue uno de los fundadores de la Corporación Industrial para el Desarrollo Regional, Cidere, entidad que ha impulsado importantes proyectos de desarrollo. También fue presidente del Club Concepción, miembro del consejo del Banco del Trabajo y director de Icare.

El director Armando Lazcano Herrera llegó de Santiago, donde había cumplido destacada labor en otros medios periodísticos. Su consagración a la causa regionalista -que recogió del espíritu fundacional del diario- le valieron ser designado Premio Nacional de Periodismo en el año 1958. Fue maestro de una generación de periodistas penquistas, y con él trabajaron, entre muchos otros, Fernando Montalba Silva, Rubén Corvalán Vera, Alfredo Morales Aravena, Alfredo Pacheco Barrera, Fernando Otayza Carrazola, Elsa Lazcano, César Pavez, Juan Juliá, Luis García Díaz, Jaime Smith, Gilberto Grandón y Orlando Riffo. Armando Lazcano permaneció en la dirección del diario hasta fines de 1958.

En 1948 falleció Aurelio Lamas Benavente. EL SUR recibió sentidas condolencias de muchas personas e instituciones de la ciudad, y de las más altas autoridades del país. Un mensaje que envió el presidente de Chile Gabriel González Videla, dice: “…el país reconoce el valioso aporte que a su progreso y a la defensa de las instituciones prestó siempre don Aurelio Lamas Benavente. El Gobierno se hace un deber en expresar este reconocimiento en los momentos de su sensible deceso”.

Materias primas

La empresa continuó sus inversiones en tecnología. En 1947 se habían integrado otras dos linotipias al taller, y en 1948, con el objeto de mejorar el servicio informativo del exterior, el diario adquirió un equipo de radio comunicaciones compuesto de dos transmisores y tres receptores. En febrero de 1949, la empresa resolvió editar en Concepción un nuevo diario, de tamaño tabloide y de circulación vespertina -“Crónica”-, y meses más tarde, adquirió una moderna fundición para su taller.

Las memorias de esos años registran que toda la industria periodística padecía una angustiosa situación por “alza de materias primas, todas importadas; difícil obtención de divisas, y fuertes gravámenes de impuestos y leyes sociales”. En Santiago se había creado la Asociación Nacional de la Prensa (agosto de 1948), que reunía a propietarios de diarios y revistas del país, y los diarios chilenos emprendieron por primera vez una gestión común para representar sus inquietudes al gobierno.

Pero el problema se agravó en los años siguientes, cuando el gobierno fijó un nuevo tipo de cambio, que afectó en un 100% a las importaciones. Toda la prensa nacional se quejó por la escasez de papel en el mercado internacional y EL SUR, para asegurar la continuidad de sus publicaciones de Concepción y Temuco, debió pagarlo “a precios dos veces superiores a los habituales”. En 1953, las medidas económicas que adoptó el nuevo gobierno -Carlos Ibañez del Campo- afectaron severamente a las empresas periodísticas del país: “el dólar que en diciembre de 1952 se obtenía a $ 31 subió en el curso de 1953 a $110”. En el seno de la Asociación Nacional de la Prensa, los diarios afiliados acordaron aumentar el valor de venta de los ejemplares “para contrarrestar los mayores gastos”. La situación siguió empeorando: en 1955, el gobierno suprimió los cambios preferenciales para las importaciones, y el dólar para comprar los insumos del exterior se disparó a $ 200, y luego a $ 300. En noviembre de 1956, el dólar ya había llegado a $ 500.

En 1954, la empresa puso fin a la publicación de su diario en Temuco, atendiendo “a las cargas que gravan a la industria periodística y a las crecientes dificultades para obtener materias primas. “El Sur” de Temuco apareció por última vez el 10 de agosto de 1954 “después de servir, sin omitir esfuerzos ni sacrificios, por casi diez años en forma ininterrumpida a la ciudad de Temuco y a grandes sectores de la zona sur del país”. La empresa arrendó sus instalaciones de Temuco a Edgardo Barrueto, que editó un nuevo diario bajo el nombre de “La Prensa del Sur”, que inició su circulación en noviembre de 1954.

El Sur cumple 75 años
Premios internacionales

En 1957, la empresa cumplió 75 años, e hizo nuevas importaciones de moderno equipo para el taller de impresión “en caliente” (tipográfica). Se adquirieron en Estados Unidos una calandria (o matrizadora para cartones de esterotipia) y una lingotera (para descongestionar el trabajo de las linotipias). Y en 1959, con el fin de mejorar el servicio noticioso nacional e internacional, la empresa compró los primeros teletipos, que permitían la recepción directa de informaciones desde sitios distantes (del país y del exterior), y aumentó la capacidad de su radio receptor-transmisor.

Ese mismo año, el director Armando Lazcano se acogió a jubilación, y la empresa designó a Emilio Filippi Muratto, hasta entonces director de “Crónica”, como director de EL SUR. En marzo de 1959 falleció el vicepresidente del directorio, Roberto Paul de Viale Rigo. Su deceso causó hondo pesar en la región, y en su reemplazo ingresó al directorio su hijo Carlos Paul Lamas, que también pasó a desempeñar el cargo de subgerente.

El terremoto de 1960

En 1959, el jefe de Fotografía -Hernán Bernales- obtuvo el Premio Nacional de Periodismo, y en diciembre de ese año el diario organizó la primera versión del “Concurso Nacional de Cuento EL SUR”, que tuvo repercusión nacional y que coincidió con la edición de un suplemento literario y cultural de circulación semanal. El director Emilio Filippi obtuvo el Premio Nacional de Periodismo, en 1972, cuando ya había regresado a Santiago y dirigía la revista “Ercilla”.

En marzo de 1960 se integró Rafael Maira Lamas a la empresa, en distintas funciones administrativas y comerciales.

A Emilio Filippi le correspondió dirigir el diario en los dramáticos días del terremoto de 1960. El significativo rol que cumplió EL SUR, que no detuvo la edición del diario, a pesar del deterioro que sufrió el edificio y parte de su equipo, y de la angustia personal que vivieron muchas de las personas que trabajaban en la empresa, le valieron el reconocimiento internacional a través del premio SIP-Mergenthaler, otorgado por la Sociedad Interamericana de la Prensa.

El diario estaba en impresión cuando ocurrió el terremoto, a las 6 de la mañana del 21 de mayo de 1960. Ese día circuló con un tiraje disminuído. En los días siguientes se imprimieron cuatro páginas en formato reducido, que cumplieron una importante labor de comunicación en la zona. Tres días más tarde, el 24 de mayo, el diario circuló con 8 páginas. Al día siguiente, la edición fue de 10 páginas, y el día 26, de 12 páginas.

El mérito de sacar el diario a pesar de las condiciones adversas debe acreditarse a la tenacidad de Aurelio Lamas Ibieta, al profesionalismo de Emilio Filippi y al esfuerzo y sacrificio de todo el personal de la empresa. La entrega del premio “SIP-Mergenthaler” se realizó en octubre de ese año en los salones de EL SUR.

En las páginas del diario escribían en 1963, entre muchos otros, los periodistas Alejandro Magnet, Alfredo Pacheco, Mauricio Montaldo, Antonio Romera, Hernán Muñoz, César Pavez, Luis Osses, Luis Santibáñez, Hernán Varela, Sergio Martínez y Carlos Adolfo Vergara.

En abril de 1964, EL SUR inició la publicación de un suplemento educativo -“Escolaridades”-, que por años fue considerado como material complementario para la enseñanza en las escuelas de la región. La publicación del suplemento “Escolaridades” fue interrumpida en diciembre de 1984.

Premio Mundial para EL SUR

En julio de 1965, el periodista Iván Cienfuegos Uribe asumió la dirección de EL SUR. Permaneció en su cargo hasta el año 1977, y su gestión se caracterizó por la ampliación del abanico informativo y la cobertura deportiva, económica y socio-política, que dieron prestigio al diario en días de renovado apasionamiento político.

En febrero de 1967, la fundación de la “Asociación Americana de Editores de Diarios” (“American Newspaper Publishers Association”, ANPA, en su sigla en inglés) otorgó su reconocimiento al diario EL SUR de Concepción, por “servicios distinguidos prestados en su país y a sus ciudadanos durante un período prolongado”. El galardón -un medallón de oro con la inscripción “World Press Achievement Award”- fue entregado a Aurelio Lamas Ibieta, gerente general de la empresa, en una solemne ceremonia celebrada en hotel Waldorf-Astoria de Nueva York. El galardón constituyó un valioso reconocimiento internacional para el diario EL SUR, que ese mismo año cumplió 85 años de trayectoria periodística al servicio de Concepción y la región.

(El premio de la ANPA fue instituído en 1965, ocasión en que lo obtuvo el diario “Yeni Adana”, de Turquía. En 1966, la distinción fue para el diario “Rand Daily Mail”, de Sudafrica; y en 1967, el premio fue para el diario EL SUR. La Asociación Americana de Editores de Diarios -fundada en 1887- es una entidad gremial que reúne a los propietarios de diarios de Estados Unidos y Canadá. En fecha reciente, la ANPA cambió de nombre: hoy se llama Newspaper Association of America, y su sigla es NAA).

Dos años más tarde, en 1969, Víctor Solar Manzano, que se desempeñaba como Secretario de Redacción del diario, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo.

Década del 70, “Peligrosa polarización”

Las pasiones políticas volvieron a dividir al país y llevaron a que el candidato de la “Unidad Popular” -Salvador Allende- triunfara en los comicios presidenciales de 1970 con sólo una tercera parte de los votos emitidos, en medio de la ansiedad de la ciudadanía. En Concepción, grupos laborales y estudiantiles agitaron banderas y surgieron “frentes revolucionarios”, que promovieron actividades clandestinas y originaron una peligrosa polarización social.

EL SUR enfrentó la presión de los grupos que buscaban controlar su información para promocionar sus propios intereses políticos. La Sociedad Interamericana de la Prensa, SIP, que se reunió en Santiago en 1972, denunció “el peligro que corren los periodistas y los diarios independientes de Chile, sometidos a ataques sistemáticos que buscan intimidar a los que no se suman a la línea oficial”.

Las instalaciones de EL SUR fueron ocupadas ilegalmente por “comandos” que buscaban controlar la propiedad del medio y silenciar su voz, que paralizaron la edición del diario por espacio de 36 días. El gobierno, en lugar de apaciguar los ánimos políticos y favorecer la devolución del medio a sus legítimos propietarios, promovió su aislamiento y dificultó su edición y circulación.

Pero, la fortaleza de sus trabajadores, ejecutivos y propietarios -que deseaban rescatar un diario independiente para servir a la comunidad- permitió que EL SUR también pudiera superar esos graves escollos políticos. En esos difíciles días, Rafael Maira asumió como gerente general (1972) y condujo las negociaciones internas y con las autoridades políticas;  y Aurelio Lamas Ibieta, ya delicado de salud, fue designado vicepresidente ejecutivo.

Meses más tarde, en 1973, la situación política insostenible derivó en el golpe de Estado y la dictadura militar, que aplicó muchas restricciones de tipo informativo y de opinión, que dificultaron pero no impidieron que el diario EL SUR ejerciera un periodismo independiente y objetivo. En los años ’80, el diario estuvo frecuentemente solo en la defensa de los derechos humanos en el país, y lideró con la Asociación Nacional de la Prensa una sostenida campaña por la libertad de expresión. Un rol significativo en esta labor le cupo a Carlos Paul Lamas -actual gerente del diario en Santiago- que en varios períodos presidió la ANP.

En junio de 1973, EL SUR inició la publicación del suplemento “La Gaceta del Sur”, concebida como una revista dominical con artículos y reportajes de caracter regional.

Jorge Maira Castellón -presidente de la empresa desde la creación de la sociedad, en 1943- falleció en febrero de 1974. Su deceso causó gran pesar en la región y, en particular, al interior del diario. Había nacido en Santiago, en 1898, pero por lazos familiares y profesionales estuvo siempre vinculado a la región. Fue abogado, diputado del partido Radical por Itata y Notario Público y de Hacienda en Concepción.

Al gerente general Aurelio Lamas Ibieta le correspondió suceder a Jorge Maira Castellón en la presidencia del directorio, que también integraban Carlos Paul Lamas, Jorge Maira Lamas, Ana Gloria Paul de Aninat (a quien luego reemplazó su esposo, Julio Aninat Martínez). Poco después, a comienzos de 1975, se integró Aurelio Maira Lamas al directorio.


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